La naturaleza humana, como parte congruente con el todo de la naturaleza cósmica, es la norma de conducta, y toda tendencia natural es, por tanto, buena. Pero la naturaleza humana puede desorientarse, proponiéndose aquel bien ficticio, y entonces surge la pasión (pathos). Crisipo distingue cuatro tipos de pasiones:
-dolor, ante el mal presente
-temor, ante el mal futuro
-placer, ante el bien presente
-deseo, ante el bien futuro
-La indiferencia de los bienes exteriores.-
Sólo la virtud es un bien. Todo lo que no sea ni virtud ni vicio, tampoco será bueno ni malo, sino indiferente. Salud, enfermedad, riqueza, pobreza, suerte o infortunio, en tanto no dependen de la virtud o el vicio, son indiferentes. Todo es nada, salvo la disposición interior que es la sabiduría. En lo que nos sucede no hay bien ni mal: es lo mismo a efecto moral (que es la índole interior del hombre) ser rico que pobre, la enfermedad que la salud. Lo que distingue al sabio del hombre imperfecto es que no tiene más apego a lo uno que a lo otro; o, por lo menos, que no tiene un apego incondicional. (Crisipo ridiculiza, consecuentemente, los mitos platónicos sobre las recompensas y castigos de la otra vida, precisamente porque, según Crisipo, la virtud es autosuficiente y nunca deseable por otra cosa que ella misma). La virtud es lo único que debe perseguirse.
-El Cosmopolitismo.-
Los estoicos consideran un dictado de la razón el vivir en sociedad y participar en los asuntos públicos. Todos los hombres tienen una naturaleza común, que es la razón. De ahí que sólo deba haber una ley para todos los hombres y que todos ellos tengan una sola patria. El hombre (el sabio) no es ciudadano de este o aquel Estado particular, sino del mundo.
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